La mejor forma de hacer senderismo en las islas Cíes

Desde que puso un pie en el muelle de Rodas, Javier supo que las Islas Cíes eran un lugar diferente. Frente a él se extendían playas de arena blanca, aguas turquesas y colinas verdes cubiertas de pinos. Pero lo que más le atraía no era tumbarse al sol, sino recorrer los senderos que serpenteaban entre acantilados, bosques y miradores naturales. Para él, la mejor forma de descubrir este pequeño paraíso era, sin duda, haciendo senderismo.

Con su mochila ligera, calzado cómodo y una botella de agua, Javier comenzó su ruta temprano, aprovechando las primeras horas del día, cuando el sol aún no apretaba. Había estudiado los itinerarios señalizados por el Parque Nacional y decidió empezar por el Sendero del Faro da Porta, una caminata de dificultad media que lo llevó por zonas de vegetación baja, entre gaviotas y vistas panorámicas. A cada paso, la brisa del Atlántico le recordaba que estaba caminando por un lugar único, donde la naturaleza manda.

La clave para disfrutar del senderismo islas cies, pensaba, es ir sin prisa. No se trata solo de llegar a un punto final, sino de observar lo que ocurre en el camino: aves planeando sobre el mar, lagartijas escondiéndose entre las piedras, el olor salado del aire mezclado con el de los pinos. También es importante llevar lo justo: protección solar, agua, algo de comida, y respetar las normas del parque, que busca preservar este entorno frágil y espectacular.

Más tarde, continuó por el Sendero Alto do Príncipe, uno de los más conocidos y accesibles. Allí, desde el mirador, pudo ver las famosas formaciones rocosas que caen a pico sobre el mar. El silencio del lugar, solo roto por el viento y el sonido de las olas, lo dejó sin palabras. Comprendió que las Cíes no son un lugar para visitar con prisas ni con mapas turísticos en la mano, sino con los sentidos bien abiertos.

Para Javier, la mejor forma de hacer senderismo en las Islas Cíes es combinando respeto por el entorno, planificación mínima y ganas de dejarse sorprender. Cada ruta, cada desvío, ofrece una nueva perspectiva del paraíso. Y cuando, al final del día, regresó al barco de vuelta a tierra firme, lo hizo con la certeza de haber vivido algo más que una excursión: una auténtica conexión con la naturaleza gallega.